Pasiva agresión: señales en niños y adolescentes y cómo responder con suavidad

Lina Park Lina Park
Pasiva agresión: señales en niños y adolescentes y cómo responder con suavidad

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A veces un niño parece no discutir, no gritar, hace lo que se le pide, pero algo constantemente sale mal. Parece ignorar intencionalmente cosas importantes, hace las cosas descuidadamente, llega tarde aunque "intentó mucho no llegar tarde", o expresa ofensa en silencio. No hay conflicto abierto, pero la tensión crece.

Muchos adultos en este momento piensan: "¿Me está burlando?", "¿Me está manipulando?", "¿Me está provocando deliberadamente?" Pero a menudo detrás de tal comportamiento no hay malicia, sino agresión pasiva: una forma inconsciente de expresar sentimientos cuando enojarse, ofenderse o discutir abiertamente es difícil o da miedo por diversas razones.

En este artículo, aprenderás:  

— qué es la agresión pasiva y sus señales en niños y adolescentes;  

— por qué un niño podría elegir la agresión pasiva en lugar de una conversación abierta;  

— cómo responder con delicadeza sin culparte a ti mismo o al niño;  

— qué se puede hacer en casa y en la escuela para que sea seguro para el niño expresar cualquier emoción.

Qué es la agresión pasiva: explicado en términos simples

La agresión pasiva no se trata de "mal carácter"

La agresión pasiva es una forma de expresar enojo, resentimiento o desacuerdo no directamente, sino a través de acciones indirectas o inacción. Exteriormente, el niño puede parecer calmado, incluso obediente, pero sus acciones, tono y comportamiento dicen lo contrario.

Si lo ponemos muy simplemente, la agresión pasiva es cuando estoy enojado pero no puedo (o no sé cómo) hablar de ello abiertamente. Entonces la tensión sale en forma de:

— "olvidos" accidentales;

— lentitud deliberada;

— sarcasmo, bromas mordaces;

— silencio obstinado;

— negación a cooperar, aunque verbalmente estén de acuerdo.

Esta forma de reaccionar suele surgir inconscientemente. El niño no se sienta a planear: "Ahora seré pasivo-agresivo". Simplemente elige la única forma disponible para él en ese momento para protegerse, expresar insatisfacción o recuperar una sensación de influencia sobre la situación.

Por qué la agresión pasiva es tan difícil de notar

La agresión abierta es inmediatamente notable: gritos, groserías, portazos. La agresión pasiva es mucho más silenciosa. Los adultos a menudo solo ven el resultado: "No lo hizo otra vez", "Se encerró en su habitación y está en silencio otra vez", y sienten irritación o impotencia.

La dificultad es que:  

— exteriormente, el comportamiento puede parecer perezoso o despistado, aunque detrás haya emociones fuertes;  

— el niño mismo le cuesta entender y nombrar lo que le está pasando;  

— los padres pueden no conectar los olvidos y el silencio con conflictos recientes, situaciones tensas o reglas familiares.  

Agresión pasiva: señales en niños y adolescentes

Principales señales de agresión pasiva

No toda acción de resistencia es agresión pasiva. Los niños en general necesitan intentar defender sus opiniones, practicar "Yo puedo hacerlo solo". Esto es parte del desarrollo. Pero hay ciertas señales que pueden indicar agresión pasiva.

A continuación, se presentan manifestaciones típicas. Recuerda que una sola señal no prueba nada. Observa el panorama general, la frecuencia y el contexto.

1. "Aceptó y no lo hizo"  

   El niño asiente, dice: "Sí, ahora mismo", "Claro, lo haré", pero en realidad, las promesas no se cumplen. No hay razones visibles para esto, y los recordatorios causan ofensa. La frase "Me olvidé" se escucha demasiado a menudo.

2. Retrasos y lentitud como si fuera a propósito  

  Por ejemplo, prepararse para el jardín/escuela se ralentiza precisamente cuando se le pidió que se apresurara. O un adolescente sale de casa para la práctica en el último momento, aunque sabe que te preocupa llegar tarde. 

El mensaje interno podría sonar como: "Como nadie me tiene en cuenta, al menos mostraré de esta manera que no me gusta".

3. Ironía y bromas mordaces  

   El niño parece estar bromeando, pero las bromas hieren donde duele. "Bueno, sí, soy el más perezoso para ti", "Siempre tienes razón", "Claro, a nadie le importan mis deseos". 

Decir directamente: "Duele cuando me critican", es difícil, pero una broma les permite hablar y esconderse al mismo tiempo: "¿Qué, solo estaba bromeando?".

4. Silencio ofendido, ignorar  

   Con la agresión pasiva, el niño deja de hablar, evita el contacto visual, responde con monosílabos y fríamente. Claramente se retira, "se congela" en la interacción y puede ir demostrativamente a su habitación.

Aquí, la agresión se expresa a través de la distancia.

5. Resistencia oculta a las reglas  

  El niño no discute abiertamente las reglas en casa, pero constantemente busca lagunas. O hace todo "a su manera", pero de una forma que dificulta hacer reclamos: "No hice nada malo". Pueden cumplir las solicitudes mínimamente, de manera formal.

Esto puede ser una forma de preservar una sensación de libertad donde el niño se siente controlado.

6. Sabotear planes comunes  

   El día de un evento importante, de repente olvidan prepararse, arruinan el ánimo de toda la familia antes de un viaje, o en un grupo, empiezan a ralentizar la tarea común, aunque verbalmente están "a favor".  

A menudo, esto expresa un sentido acumulado de injusticia o un "nadie me escucha" no dicho.

Cómo se manifiesta la agresión pasiva en diferentes edades

Preescolares (menos de 6 años)

En niños pequeños, la agresión pasiva toma formas más simples. El niño tira o rompe juguetes/objetos intencionalmente, pero dice que fue un accidente; ralentiza demostrativamente cuando es hora de prepararse; puede usar la frase "No quiero y ya" sin intentar explicar qué es exactamente lo que no le gusta. Especialmente si teme que una respuesta honesta será juzgada.

Si a un niño a menudo se le prohíbe enojarse, expresar emociones fuertes o llorar, entiende que expresar sus sentimientos es inseguro, pero aún no ha aprendido otra forma de lidiar con el enojo.

Niños de primaria (7–11 años)

A esta edad, surgen formas sutiles de agresión pasiva:

— constante "Me olvidé" sobre tareas, pertenencias o responsabilidades;  

— pequeñas travesuras que son difíciles de probar;  

— comentarios sarcásticos dirigidos a los padres bajo la apariencia de bromas.

Adolescentes (12–17 años)

La agresión pasiva adolescente a menudo se ve como:

— protesta silenciosa: fingir no escuchar cuando se les habla, ignorar, incluyendo mensajes de los padres;  

— sarcasmo, devaluación ("No entiendes nada");  

— acuerdo con el control externo ("Bien, lo que quieras"), seguido de romper acuerdos en secreto.

Por qué surge la agresión pasiva: posibles causas

La agresión pasiva no es la "naturaleza malcriada" de un niño, sino una señal

Al hablar de agresión pasiva en niños, es importante evitar etiquetas. Un niño con comportamiento pasivo-agresivo no es un manipulador. A menudo, simplemente experimenta emociones fuertes que aún no sabe cómo manejar, teme las consecuencias de expresar enojo o desacuerdo abiertamente y puede sentirse no escuchado o impotente.

Consideremos algunas causas comunes.

Prohibición del enojo y otras emociones "incómodas"

Una de las causas más frecuentes es un mensaje implícito o directo al niño de que el enojo no está permitido. Por ejemplo:

— "No puedes enojarte conmigo, soy tu madre";  

— "Los niños no lloran";  

— "Pórtate bien, no le respondas a los adultos".

El niño aprende que el enojo es malo, el resentimiento es debilidad y la insatisfacción es insegura. Empiezan a pensar que sus emociones podrían llevar al rechazo o al castigo.  

Pero las emociones no desaparecen. Si no pueden expresarse directamente, la mente encuentra una solución alternativa. Así es como surge la agresión pasiva.

Miedo al castigo o al conflicto

En familias y grupos donde la jerarquía se impone fuertemente (el mayor siempre tiene razón), donde expresar desacuerdo lleva a gritos, castigos o vergüenza, y los conflictos se ignoran o silencian, los niños pueden desarrollar la creencia: "Hablar abiertamente sobre lo que no me gusta es peligroso".

Entonces surge una estrategia: "Pareceré obediente en la superficie, pero mostraré mi insatisfacción de manera encubierta. Así preservaré mis límites y evitaré el castigo directo".

Experiencia de invalidación emocional

Ejemplos de frases que los adultos podrían decir automáticamente:

— "No es nada, ¿por qué lloras?";  

— "Otros lo tienen peor, y tú estás triste";  

— "No seas tan dramático".

Para un niño, esto significa: "Mis sentimientos no importan", "Nadie me entiende", "Es mejor quedarse callado".

La emoción permanece dentro, pero la necesidad de ser escuchado no desaparece. La agresión pasiva se convierte en una forma de afirmarse, aunque sea ligeramente.

Inconsistencia y mensajes mixtos

Cuando los adultos:

— permiten el enojo y las discusiones un día, pero castigan el mismo comportamiento al siguiente;  

— dicen: "Puedes decir lo que piensas", pero se enojan u ofenden con respuestas honestas;  

— demuestran agresión pasiva ellos mismos (trato silencioso, resentimiento),

el niño se confunde. "¿Qué está permitido y qué no?" En tal incertidumbre, es más seguro evitar la agresión directa y usar formas veladas en su lugar.

Falta de modelos seguros para expresar el enojo

Si un niño no ha visto a los adultos verbalizar sus emociones, reconocerlas, discutir conflictos sin gritar ni castigar, o disculparse, simplemente puede carecer de modelos listos para manejar la ira de manera diferente. Sienten ira pero no saben cómo procesarla de manera constructiva. La agresión pasiva se convierte en el modelo predeterminado, a menudo copiado de la familia, el entorno o los medios.

Sobrecarga, fatiga, estrés

A veces, la agresión pasiva se intensifica debido a:

— alta carga académica;  

— conflictos con compañeros;  

— cambios de escuela o guardería;  

— cambios familiares (divorcio, mudanza, nacimiento de un hermano).

En un estado de estrés crónico, es más difícil para un niño controlar sus reacciones, darse cuenta y verbalizar lo que le enoja a tiempo. Entonces, entran en juego métodos automáticos y menos conscientes, incluyendo la agresión pasiva.

Cómo distinguir la agresión pasiva de otros estados

No todo "no hace" o "no responde" es agresión pasiva. Un comportamiento similar puede provenir de:

— ansiedad elevada: el niño teme cometer errores, pospone, se "congela";  

— dificultades de atención (por ejemplo, TDAH): a menudo olvida porque le cuesta mantener el enfoque;  

— estado depresivo: poco interés, poca energía, dificultad para concentrarse;  

— sobrecarga sensorial: el niño realmente lucha con las tareas diarias.

Si el comportamiento cambia abruptamente, acompañado de alteraciones del sueño o del apetito, quejas somáticas (dolores de estómago, dolores de cabeza, etc.), discuta la situación con un especialista: un médico o psicólogo infantil.

Tres preguntas clave para los adultos

Para determinar si realmente está lidiando con agresión pasiva, hágase algunas preguntas.

1. ¿El niño tiene una razón para estar enojado o molesto que es difícil discutir abiertamente: falta de tiempo personal, desacuerdo con las reglas familiares, etc.?  

2. ¿El "olvido" y la lentitud se manifiestan con más frecuencia en situaciones relacionadas con temas estresantes: escuela, tareas domésticas, rutina?

3. ¿Un comportamiento similar se manifiesta en las relaciones con otros adultos significativos: maestros, entrenadores, etc.?  

Si la respuesta a la mayoría de estas preguntas es "sí", lo que está sucediendo puede considerarse una posible forma de agresión pasiva y debe manejarse con cuidado.

Por qué es importante permitirle a un niño cualquier emoción

Las emociones son neutrales; solo la prohibición de ellas es peligrosa

El enojo, el resentimiento, la irritación, la envidia: son parte normal de la vida emocional de una persona a cualquier edad. Las emociones en sí mismas no son dañinas. Lo que importa es cómo las expresamos.

Cuando a un niño se le dice que no debe enojarse, que no debe llorar, que no debe ofenderse, escucha: "Hay algo malo en ti cuando sientes esto".

Esto lleva a dificultades para entender sus propias emociones, tensión que luego estalla en agresión pasiva o arrebatos repentinos, así como a futuras dificultades en relaciones cercanas y en el trabajo.

Permitir emociones ≠ Permitir cualquier comportamiento

A veces los adultos temen que, si se le permite al niño enojarse, se malcriará y su comportamiento empeorará.

Aquí es importante entender que las emociones siempre son normales: "Puedes estar enojado, ofendido, molesto, envidioso, asustado. Cualquier sentimiento es aceptable".

Pero el comportamiento es negociable y limitado: "No estoy de acuerdo con que pegues o insultes a otros. Busquemos otra forma de expresar lo que sientes".

Este enfoque ayuda al niño a no sentirse avergonzado de sus experiencias, a aprender a expresar emociones de manera saludable y a recurrir menos a la agresión pasiva porque hay espacio para un diálogo honesto.

Cómo suena un mensaje de apoyo a un niño

Ejemplos de frases que ayudan:

— "Tienes derecho a estar enojado; averigüemos qué te molestó más";  

— "Veo que estás ofendido. Estoy aquí cuando estés listo para hablar";  

— "Estás muy molesto ahora y estás enojado. Pensemos en cómo puedes mostrar esto sin hacerte daño a ti mismo ni a otros";  

— "Tu opinión es importante para mí, incluso si difiere de la mía".

Tales mensajes reducen la necesidad de expresar protesta de manera encubierta: la agresión pasiva simplemente se vuelve innecesaria.

Cómo responder a la agresión pasiva: una guía para padres

No busques a quién culpar; ve la necesidad

Primero, en lugar de preguntar: "¿Quién tiene la culpa de que el niño se comporte así?" y "¿Cómo podemos detener esto rápidamente?", es más útil hacerse otras preguntas:

— "¿Qué está tratando de mostrar con este comportamiento?"

— "¿Qué sentimientos hay detrás de lo que estoy viendo?"

— "¿En qué situaciones le es especialmente difícil hablar directamente?"

Observa no solo el comportamiento, sino también el contexto

A continuación, miramos más allá: dónde se repite este comportamiento:

  • — solo en casa o también en la escuela, en actividades extracurriculares;  
  • — solo con un padre o con todos los adultos;  
  • — solo en conexión con temas específicos (lecciones, tiempo frente a la pantalla, tareas) o no.  

Separa los hechos de la interpretación

Por ejemplo, hecho: "La tarea no se ha hecho en dos días, aunque acordamos que la harías tú mismo".  

Interpretación del padre: "Estás tratando de molestarme deliberadamente".  

Para el diálogo, será más importante basarse solo en los hechos.

Crea un espacio para una conversación segura

1. Elige el momento adecuado: es mejor hablar en un ambiente tranquilo, sin prisas.

2. Define tu posición. Puedes basarte en la fórmula:  

  •    — "Veo..." (comportamiento);  
  •    — "Siento..." (tus emociones); 
  •    — "Quiero entender qué te está pasando".

Por ejemplo: "Veo que con la tarea, a menudo pasa así: dices que la harás, pero queda sin hacer. Me siento cansado y confundido. Quiero entender qué te detiene, qué sientes en esos momentos".

3. Para facilitar el mantenimiento del contacto en el diálogo, puedes preparar "Frases de Apoyo de Bolsillo" con anticipación:     

   — "Es importante para mí entenderte";  

   — "Puedes hablar con honestidad; no te regañaré por tus sentimientos";  

   — "Necesito tiempo para pensar en lo que dices, pero te escucho".

Habla y prueba nuevos métodos

1. Nombra los posibles sentimientos pero no los impongas: "¿Quizás te enojas cuando te pido ayuda, pero tienes tus propios planes? ¿Pasa eso?", "¿Podría ser que te ofendas cuando hablo de las calificaciones?"  

Si el niño dice: "No, no estoy enojado", puedes responder: "Está bien, quizá no sea enojo. ¿Qué sientes cuando pasa esto?"

2. Reconoce el punto de vista del niño incluso si no estás de acuerdo, luego discute los límites y los acuerdos específicamente.

En lugar de frases generales ("Sé más responsable"), sé específico: "Acordemos que haces matemáticas antes de la cena. Si es difícil, llámame y encontraremos una solución juntos. No te regañaré por los errores, pero es importante para mí que digas con honestidad si estás luchando".

3. Ofrece alternativas a la agresión pasiva.

— Habla abiertamente: "Mamá, estoy enojado ahora porque no me avisaste", "Papá, este método no funciona para mí; ¿podemos discutir otro?"

— Usa "mensajes yo": "Me enojo cuando toman mis cosas sin pedir", "Me molesto cuando hacen bromas sobre mí frente a todos".

— Acuerda una "señal de pausa". Por ejemplo, el niño puede decir: "Necesito tiempo", si siente que está a punto de gritar o recurrir a la agresión pasiva. El adulto responde: "Está bien, tomemos un descanso y volvamos a la conversación".

Apoya todos los días

1. Para apoyar a un niño, puedes hablar regularmente sobre los sentimientos. Por ejemplo, en lugar de "¿Cómo estás?" pregunta: "¿Qué te hizo feliz hoy?", "¿qué te enojó o molestó hoy?"

2. Pueden encontrar juntos formas de expresar la agresión y otras emociones de manera ecológica:  

   — golpear un cojín cuando una situación es muy frustrante;  

   — pisar fuerte, arrugar papel, dibujar tu enojo;  

   — escribir un borrador "enojado" de un mensaje (que no tienes que enviar) para liberar la emoción.

3. Sé un ejemplo personal y experimenta, verbaliza los sentimientos: "Estoy enojado ahora porque estoy cansado y no pude descansar. Necesito 10 minutos de silencio, luego puedo hablar", y también admite errores.

4. Establece reglas predecibles y discútelas con anticipación, no durante un conflicto.

5. Mantén una posición firme pero suave. El niño debe entender que no será avergonzado por una conversación honesta, pero su comportamiento tendrá consecuencias. 

Lista de verificación para padres y educadores: qué ayuda a reducir la agresión pasiva

Marca lo que ya está presente y lo que se puede agregar:

1. Intento no prohibirle al niño tener emociones, sino ayudarle a nombrarlas.  

2. Mi discurso rara vez incluye frases como "No te enojes", "Deja de ofenderte": las reemplazo con "Dime qué te molestó tanto".  

3. No descarto los sentimientos del niño ("No es nada", "No inventes cosas"), incluso si la situación me parece insignificante.  

4. Intento no avergonzar al niño por sus lágrimas, miedos o enojo.  

5. Tenemos reglas y acuerdos claros y comprensibles, no solo prohibiciones espontáneas.  

6. Le hago saber al niño que su perspectiva es importante, incluso si al final tomo la decisión.  

7. En los conflictos, evito las amenazas y los gritos tanto como sea posible; si pierdo los estribos, lo reconozco y lo discuto.  

8. Monitoreo mis propias reacciones pasivo-agresivas y trato de encontrar otras formas de expresar emociones.  

9. Si algo en el comportamiento del niño me preocupa, estoy dispuesto a buscar consejo de un especialista.

Preguntas frecuentes sobre la agresión pasiva en niños y adolescentes

¿La agresión pasiva siempre se trata de problemas familiares?

No necesariamente. La experiencia personal, las relaciones entre pares y los niveles generales de estrés también importan. El ambiente familiar es un factor importante, pero no el único. En lugar de buscar a quién culpar, es más útil analizar la situación de manera integral y preguntarse qué se puede cambiar ahora para facilitar las cosas al niño.

¿Se puede eliminar completamente la agresión pasiva?

Completamente, es poco probable y no es necesario. La agresión pasiva es una de las formas posibles de reaccionar, que a veces ocurre en todos. Nuestro objetivo no es erradicarla, sino asegurar que el niño tenga otras formas más abiertas y seguras de expresar emociones. Entonces, las reacciones pasivo-agresivas ocurrirán con menos frecuencia y no dañarán las relaciones.

¿Debe castigarse la agresión pasiva?

Los castigos rara vez ayudan porque la agresión pasiva suele surgir del miedo al castigo o a la prohibición de emociones. Si solo reaccionas con sanciones, es probable que el niño se retire aún más en formas ocultas de protesta. Es más efectivo establecer límites, discutir las consecuencias de acciones específicas y, al mismo tiempo, ayudar al niño a aprender a hablar de sus sentimientos directamente.

¿Cómo explicar la agresión pasiva a un niño?

Con niños mayores, puedes decir:  

"A veces nos enojamos y, en lugar de decirlo, empezamos a hacer cosas por despecho o, por el contrario, no hacemos lo que es importante para los demás. Eso es agresión pasiva. No hace que una persona sea mala; simplemente no conoce otra forma. Busquemos juntos maneras de expresar el enojo de otra manera." 

Con niños más pequeños, puedes usar cuentos, historias o dibujos sobre personajes que expresan emociones de diferentes formas.

Conclusión

La agresión pasiva en niños y adolescentes no es un mal comportamiento ni manipulación, sino una forma de lidiar con los sentimientos. Detrás del silencio, el olvido, el sarcasmo o la resistencia suelen esconderse confusión, miedo a ser incomprendido y necesidad de aceptación. 

Una respuesta cuidadosa, límites claros y apoyo son una inversión en la alfabetización emocional del niño y en su relación por años. Los pequeños pasos descritos en el artículo pueden comenzarse hoy: notar los sentimientos, nombrarlos y crear espacio para el diálogo en casa y en la escuela.

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El material está basado en las siguientes fuentes:

  • Roger L. Aggression and aggressiveness in interpersonal relationships // Psychological Journal. — 2003. — Vol. 24, No. 2. — P. 45–57.
  • American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5). — Washington, DC: American Psychiatric Association Publishing, 2013. — 947 p.
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