¿De qué tipo? Un niño mimado puede parecer insoportable para quienes le rodean. Es exigente, a menudo egoísta e impaciente. Pero estos rasgos de personalidad son comunes en muchas personas, incluidos los adultos. Y el mero hecho de que un niño los muestre no significa necesariamente que esté mimado.
¿Qué se debe hacer? Si estos rasgos aparecen en los niños de vez en cuando, no hay por qué alarmarse. Pero si los padres les dan todo lo que quieren, es posible que estén mimando demasiado a su hijo. Por lo tanto, es importante encontrar un equilibrio saludable para que el niño crezca sin ser caprichoso, pero sin dejar de tener su propia identidad y rasgos de comportamiento únicos.
¿Cómo son los niños mimados?
Por supuesto, todo padre o madre que quiera a sus hijos desea que sean lo más felices posible, pero sin que sean mimados. Si se complacen todos los caprichos del niño y se le deja salirse con la suya, eso solo puede perjudicarle. Entonces, ¿cómo se logra ese equilibrio? Lo analizaremos en este artículo.
En muchas familias hay alguien que está mimado. Todo el mundo está mimado en cierta medida y está dispuesto a defender con firmeza su derecho a algo concreto. Esto puede ser cualquier cosa, desde un juguete favorito de la infancia hasta algo más sustancial en la vida adulta, como un coche u ocho horas de sueño.
Es perfectamente normal que las personas —incluidos los niños— den ciertas cosas por sentadas.
Estar mimado no es una enfermedad. Pero últimamente, sus manifestaciones en la sociedad moderna han llegado a parecerse a una epidemia. Y no se limita a los niños de familias adineradas.
Este problema se observa en todas las clases sociales y culturas. Además, no se trata solo de materialismo. Los niños a los que sus padres han mimado se ven a sí mismos como el centro del universo y esperan que todos los que les rodean satisfagan todos sus caprichos.
Creen que sus vidas deben ser felices y sin preocupaciones, y si algo sale mal, se sienten desdichados.
¿Cómo se manifiesta esta «epidemia» en las familias normales? Veamos los indicios que pueden señalar que este problema existe en una familia.
- Los niños plantean muchas exigencias, lo que desestabiliza a sus padres, pero aun así estos acaban cediendo.
- Mientras tú te ocupas de las tareas domésticas, los miembros de tu familia se sientan delante de la tele.
- Cada vez que vuelves de la tienda, traes golosinas para tu hijo.
- A menudo les das a tus hijos más dinero de lo que habías planeado.
- Haces por tus hijos cosas que deberían hacer por sí mismos.
- Recurres a recompensas y sobornos para que tu hijo coopere.
- Ayudas a tus hijos llevándoles a el colegio las cosas que se han olvidado y recordándoles tareas y planes importantes.
- Tu hijo suele tener problemas en el colegio y en las actividades extraescolares a la hora de cumplir con sus responsabilidades y seguir las normas establecidas.
- Tu hijo suele culpar a los demás de sus propios errores y fracasos.
- Manipula a todos los que le rodean para salirse con la suya.
- Si quienes le rodean no ceden a sus caprichos, tu hijo monta una rabieta.
- A menudo oyes quejas de que tu hijo no tiene nada que hacer.
- Es totalmente incapaz de esperar pacientemente a que suceda algo.
¿Hay situaciones en tu vida similares a las descritas anteriormente? De hecho, casi todos los niños se comportan así de vez en cuando.
Señales de un niño mimado
«Mimado» no es un término científico. Sin embargo, forma parte de nuestro vocabulario cotidiano. En términos generales, la sociedad tiende a considerar que un niño está mimado si se comporta de las siguientes maneras:
- muestra egocentrismo;
- tiene rabietas con frecuencia;
- intenta a toda costa ser el centro de atención;
- es dependiente de los adultos y carece de independencia;
- se niega a seguir instrucciones o a cumplir con lo que se le pide;
- es irritable;
- tiene dificultades para relacionarse con otros niños y es incapaz de llegar a acuerdos;
- reacciona con vehemencia ante las restricciones;
- muestra una codicia excesiva;
- es exigente con la comida.
Los comportamientos descritos anteriormente no se limitan a los niños mimados. ¿Por qué más podría comportarse así un niño? El egocentrismo y la renuencia a obedecer a los adultos pueden ser signos de una crisis de desarrollo grave en un niño pequeño.
Aun así, es mejor pecar de precavido y reflexionar sobre la educación de tu hijo si observas los rasgos de comportamiento mencionados anteriormente.
El comportamiento mimado puede confundirse con expresiones de singularidad e individualidad, así como con rasgos de desarrollo propios de su edad. Por ejemplo, los padres pueden confundir la persistencia y el deseo de un niño de explorar el mundo con meras rabietas.
A veces, el egocentrismo no es un signo de comportamiento malcriado, sino más bien una fase de transición en el proceso de maduración. Es importante distinguir entre las exigencias excesivas de un niño y el comportamiento adecuado para cada situación.
Se considera que un niño está malcriado si los padres satisfacen todos sus deseos, independientemente de las circunstancias. Las restricciones y los «no» ocasionales son parte natural de la crianza de los hijos.
Los retos de un niño mimado
El comportamiento mimado conlleva consecuencias como:
- Dificultades de socialización.
Los niños suelen tener problemas para comunicarse con quienes les rodean. Son incapaces de establecer relaciones basadas en la cooperación y el respeto mutuo.
- Baja autoestima.
Los niños que actúan de forma egoísta suelen ser muy vulnerables e inseguros en su interior. Carecen de confianza en sí mismos y dependen en exceso de las opiniones de los demás.
- Falta de autocontrol.
Si en la familia no hay disciplina ni límites, los niños son incapaces de controlar sus arrebatos emocionales y pueden mostrarse extremadamente impulsivos.
- Dependencia de los bienes materiales que hacen feliz al niño.
Los niños mimados son incapaces de encontrar alegría en las cosas sencillas y no aprecian los aspectos espirituales de la vida.
- Depresión y ansiedad.
El niño se acostumbra a que todos sus deseos y necesidades se satisfagan al instante. Si de repente esto no ocurre, experimenta una sensación de insatisfacción y decepción.
- Dificultades en su vida profesional y personal.
De adultos, los niños que han sido mimados son incapaces de entablar relaciones sanas, ya sea en el trabajo o en su vida personal, porque carecen de la capacidad de llegar a acuerdos.
Razones para mimar a los niños
La educación que recibe un niño en el seno de la familia influye en el desarrollo de su personalidad. Los padres deben intentar encontrar un equilibrio entre el control total y la permisividad, pero esto puede resultar difícil de lograr.
Hace unas décadas, los niños sentían respeto y temor hacia sus padres, con miedo a decepcionarlos. Hoy en día, sin embargo, la situación ha cambiado radicalmente. Existen varias razones que explican el comportamiento mimado, todas ellas relacionadas con errores en la crianza.
Crianza sobreprotectora
El cuidado excesivo y el hecho de complacer todos los caprichos de un niño pequeño contribuyen al desarrollo de una persona egocéntrica que no conoce el significado de la palabra «no». ¿Por qué ocurre esto? Cuando un niño es hijo único en la familia y ha sido muy esperado, todo el amor y la atención de los padres se «derraman» sobre él o ella.
Estos niños suelen ser muy cariñosos y mimados. Todos los miembros de la familia se preocupan por el niño, lo cuidan y lo protegen del peligro. Antes incluso de que el niño tenga la oportunidad de decir lo que quiere, quienes lo rodean se apresuran a anticiparse a todos sus deseos. Como resultado, llegan a considerar todos los beneficios que reciben como algo natural y que se da por sentado.
Miedo a la reacción ante las restricciones
Por miedo a las rabietas, sobre todo en lugares públicos, los padres dejan de prohibirle nada al niño.
Proteger al niño de todas las dificultades
Los niños se acostumbran muy rápidamente a la idea de que todos los problemas se resuelven solos. Cuando se ven obligados a enfrentarse a la vida real (en la guardería, en el parque), donde hay peligros, dificultades y decepciones, se quedan impactados.
Falta de control y restricciones
Según estudios psicológicos, los niños que crecen en familias en las que no se les prohíbe nada —y donde los padres son, en esencia, sus amigos— se vuelven ansiosos de adultos y se sienten vulnerables.
A menudo, los padres que sufrieron muchas restricciones durante su propia infancia intentan, de forma inconsciente, dar a sus hijos todo aquello de lo que ellos mismos carecieron.
Las ambiciones de los padres respecto al éxito de sus hijos
Las madres y los padres suelen querer que su hijo sea el mejor de todos. Esto también puede llevar a mimarlo en exceso.
La falta de tiempo de los padres para sus hijos
Cuando los adultos trabajan muchas horas sin prestar a sus hijos la atención que necesitan, sufren sentimientos de culpa e intentan compensar la falta de atención con regalos. Estas situaciones dan lugar a una actitud consumista por parte de los niños.
Falta de un enfoque coherente en la crianza
La familia debe ponerse de acuerdo sobre unas normas de conducta que no se puedan ignorar. Si tan solo un miembro de la familia se desvía del camino acordado, el niño se da cuenta rápidamente de esta «laguna» y manipula a los adultos para conseguir lo que quiere.
Indulgencia
Los adultos deben servir de modelo a seguir para el niño. Si los padres de la familia se muestran indiferentes hacia sus hijos, estos intentarán llamar la atención por cualquier medio posible, incluyendo rabietas, llantos y mal comportamiento. Al fin y al cabo, los gritos y los castigos también son formas de atención, aunque sean negativas.
Incoherencia y falta de claridad en las acciones
Cuando un niño crece en un entorno en el que los límites de lo que está permitido son difusos, se siente inseguro y tiene problemas de autoestima. El niño carece de una imagen clara del mundo que le rodea; no se siente seguro, por lo que actúa de forma impulsiva y tiene rabietas. Por ejemplo, ayer se le permitía comer caramelos antes del desayuno, pero hoy no. Por supuesto, el pequeño protestará.
¿Qué significa «malcriar» a un niño? Significa «sobrepasar constantemente los límites de lo aceptable». Establecer límites específicos y claros proporciona al niño una sensación de confianza y estabilidad. Sin embargo, si las normas cambian constantemente, el niño se sentirá inseguro e intentará salirse con la suya mediante rabietas y lloriqueos.
Cómo evitar mimar demasiado a tu hijo
Muchos padres se preguntan: «¿Por qué es tan fácil mimar a tu hijo y, sin embargo, tan difícil lidiar con las consecuencias?». He aquí algunos consejos: los padres deben establecer normas de comportamiento y un sistema de límites para su hijo desde una edad temprana, enseñándole a respetar los límites. Así habrá muchos menos problemas a la hora de criarlo.
Veamos algunas recomendaciones de los psicólogos para los padres que temen mimar demasiado a sus hijos.
Mantén siempre la calma
Solo cuando estés tranquilo podrás controlar la situación. Nada de lo que haga tu hijo debería hacerte levantar la voz o gritarle. Incluso durante una rabieta, dile con calma que hablarás con él cuando se haya calmado.
Corrige el comportamiento lo antes posible
Si te das cuenta de que tu hijo llora y hace rabietas para conseguir algo, pon fin a este comportamiento. No cedas ante un pequeño manipulador. Como dice el refrán: «Más vale prevenir una enfermedad que tratarla durante mucho tiempo».
Sé coherente
Si hoy está prohibido saltar en el sofá, también debe estarlo mañana. De lo contrario, la norma no tendrá ningún efecto. Al mismo tiempo, las normas deben ser aceptadas por todos los miembros de la familia. Ni los abuelos ni otros familiares deben permitir lo que los padres han prohibido. Si has prometido quitarle un juguete por mal comportamiento, hazlo; no te limites a repetir la amenaza una y otra vez.
Aprende a decir «no»
A muchos padres les cuesta a menudo negar a su hijo la satisfacción de todas sus necesidades y deseos. Como resultado, el niño empieza a ver a mamá y papá como «carteras andantes», de las que recibe dulces y regalos todos los días.
En lugar de comprarle el centésimo juguete, es mejor dar un paseo o jugar con tu hijo.
Inicia a tu hijo en el concepto de «responsabilidad»
Explícale a tu pequeño lo difícil que es para los padres ganar dinero, cuánto trabajo cuesta comprar comida y ropa, y cuántas tareas domésticas y responsabilidades tiene cada uno de vosotros. Enséñale a trabajar desde una edad temprana. Esto podría significar recoger los juguetes después de jugar o volver a colocar las cosas en su sitio.
A medida que empieces a guiar a tu hijo por el buen camino, intenta no ir demasiado lejos, o pensará que ya no le quieres; al fin y al cabo, antes se le permitían ciertas cosas y ahora ya no. Explícale que le quieres tanto como antes, pero que algunas de sus acciones te molestan mucho. Recuerda que, en un asunto tan importante como la reeducación de un niño, todos los miembros de la familia deben estar de acuerdo.
Preguntas frecuentes sobre los niños mimados
Si un niño ha sido mimado durante muchos años, será muy difícil cambiar la situación y corregir su comportamiento egocéntrico. La clave aquí es centrarse no en corregir su comportamiento, sino en cambiar el enfoque de los padres a la hora de educarlo.
¿Cuál es la diferencia entre un niño mimado y un niño activo?
Si un niño no está malcriado, sino que simplemente es muy activo, disfruta socializando, viviendo nuevas experiencias y explorando el mundo. Un niño malcriado, por el contrario, suele ser irritable, de mal humor e insatisfecho.
¿Se pueden confundir los problemas de salud mental de un niño con un comportamiento de niño mimado?
De hecho, los síntomas pueden ser muy similares. Por ejemplo, los niños con TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) pueden mostrarse inquietos y tener dificultades para concentrarse.
Este comportamiento puede confundirse con un comportamiento malcriado o excesivamente caprichoso. Sin embargo, es importante comprender que este estado mental en un niño requiere intervención profesional. Los niños con TDAH deben ser diagnosticados y recibir el tratamiento necesario.
¿Qué enfoque educativo es mejor: el rigor o la permisividad?
El mejor enfoque de crianza es una combinación de amor y apoyo parental con un rigor razonable. El niño debe comprender que sus padres le quieren, pero no debe aprovecharse de ello; por el contrario, debe seguir las normas de comportamiento establecidas en la familia.
¿Está bien prohibirle todo a un niño para evitar que se malcríe?
No, este enfoque corre el riesgo de provocar que el niño desarrolle un miedo excesivo a diversos aspectos de la vida y una falta de iniciativa.
Si lo estás intentando pero no ves resultados, elabora un plan y cíñete a él. No esperes cambios rápidos; al fin y al cabo, este comportamiento se ha ido desarrollando a lo largo de años, y no podrás solucionarlo todo de la noche a la mañana. Pero si mantienes el rumbo, seguro que notarás cambios positivos.
Intenta animar a tu hijo a descubrir sus propios talentos y su singularidad. Escúchale con atención cuando te cuente sus experiencias o reflexione sobre su mundo interior. No resuelvas los problemas por tu hijo; en su lugar, ayúdale a superarlos por sí mismo. Una persona solo puede alcanzar la autorrealización tomando conciencia de su propio «yo».
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